Vienen a este ahora, las visiones de un ayer interrumpido de tajo. La vida es una suerte de círculos concéntricos, una espiral que sube a la cúspide para después retornar a su centro, y de allí, ir hacia abajo también, caer en las tentaciones que doblegan nuestro ser. La respuesta no necesita ser explicada con minucia, sino darle valor supremo al terreno de los actos.
Llevarla hasta su consucuencia última, tomados del empeño iniciático para llegar a alturas insospechadas. Nunca dejemos de andar por este mismo sendero, nunca nos perdamos de lleno en la madeja de trampas y sus significantes, cuando se dicte la hora de actuar, y la de no hacer nada, mientras el universo sintoniza sus energías para volver mágico todo aquello que antes, parecía insulso.
Si verdaderamente somos, en concordancia con las leyes que rigen el entorno, la oportunidad de expandirnos aparecerá en cada guiño que demos, en cada acto ejecutado desde la excelencia y el poder magnificado de la voluntad. En pos de cada sueño, demos todo lo que esté en nuestras manos. La reciprocidad surgida desde el corazón, ha de proveer luz a cada paso.
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