La noche calma el flujo de las mareas.
Las nivela Meztli, la diosa blanca.
Ella nos observa desde su cima,
incluso sin que la veamos.
De ser invisible, torna su magnetismo
hasta volverse tangible y palpable.
Es entonces, cuando su influjo selenita
nos lleva a alzar la mirada y admirar,
su manto de resplandores,
desde todo lo alto.
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